15 noviembre 2014

Trueno: El caballo "milagro" gracias al Toque Zen

Soy Jaime y quiero contar como gracias al amor incondicional encontré a un amor que me cambiaría la vida. Se llama Trueno y es un caballo que tiene casi veinte años pero para mí significa mucho más que un amigo. Le vi por primera vez a comienzos de este año. Yo acababa de comenzar a montar a caballo y él acababa de sufrir una paliza. Aparte de cómo me sentí, lo más desagradable era verle con uno de los dos ojos hinchado y lagrimeándole como consecuencia. Cada vez que podía ir a montar a caballo me acercaba especialmente a él para acariciarle y darle cariño.
Durante este tiempo algo especial e inexplicable se creó entre nosotros por lo que tomé la locura de comprarlo. Sí, fue así y desde el primer día cuando voy a verle lo primero que hago es hablarle y acariciarle mucho. Así ha ido cogiendo confianza en mí, entendiendo mi cariño y creando respeto mutuo. Aunque los comienzos fueron difíciles porque tras esa última paliza tenía pánico de cualquier persona que se le acercase, por lo que entre eso, mi poca experiencia y las conductas peligrosas que tenía por notables maltratos anteriores acabó sucediendo que a los quince días me caí de él. 
Tumbado en el suelo me costaba respirar pero menos mal que en aquel paseo estaba mi hermana, alumna Zen, quien bajó de su yegua deprisa y vino a darme el toque zen de emergencia. En pocos segundos pude respirar con normalidad y levantarme del suelo. No sé lo que habría pasado sin no hubiese estado conmigo ese día. 
Sólo acabé teniendo una fisura en el brazo que se me curó en dos meses. Lo importante es que en ese tiempo mi hermana, que tiene más de quince años de experiencia en el mundo del caballo, le enseñó a Trueno diferenciar lo bueno de lo malo. Fue capaz de quitarle a Trueno aquellas conductas peligrosas y sin maltratos, por supuesto. 
Tras recuperarme continué dándole mucho cariño y cada día notaba más confianza entre los dos. Sin embargo sólo dos meses después Trueno sufrió un cólico muy grave que, al contrario de los expertos, decidí que le operasen de urgencia. Es normal que si un caballo tiene cerca o más de veinte años, se le suela denominar que ya es “viejo”, y la forma de saber qué edad tiene un caballo es que un veterinario le mire la dentadura. Aunque mi opinión sobre Trueno siempre ha sido la contraria, me recomendaron por la edad y el sufrimiento del  caballo la eutanasia. Yo tomé la decisión rápida de decir, ¡qué le operen! Gracias a la rapidez con la que llegó a la clínica el cirujano indicó que la operación fue más simple de lo que parecía en un principio. Lo pudieron coger a tiempo y la operación fue muy bien. Fui a ver a Trueno tras la operación. Ahí estaba, vivo y casi como si nada le hubiese pasado. De nuevo tuvo mucha suerte. Ahora le tocaban dos meses de reposo sin poderle montar, con tranquilos paseos diarios como ejercicio y una alimentación estricta según su evolución. 
La evolución más que satisfactoria fue sorprendente. Recién pasó un mes y los paseos con él ya eran carreras divertidas. Sí, mientras yo iba corriendo, Trueno iba trotando ¡Menuda pareja! Le llevaba sólo con la cabezada de cuadra y el ramal para que os hagáis una idea. Cuando pasaron esos dos meses de su recuperación me di cuenta de algo mágico. Trueno ya dejaba que cualquiera se le acercase y pudiese acariciar, niños y adultos ¡Qué alegría sentí al verlo! 
Aquel momento fue muy especial. Sin embargo al cabo de unos días recibo una llamada. Trueno tiene principio de cólico otra vez. Llamo a la veterinaria para que vaya de urgencia y voy yo también. Esta vez fue empeorando por minutos y la sedación apenas le hacía efecto. Escucho de nuevo “eutanasia”. Dije a la veterinaria, haz lo que puedas.... pero de momento no lo sacrifiques. Veíamos a Trueno pese a su enorme dolor, luchar y sacar fuerzas por seguir en pie. Le ayudamos todo lo posible. Al final tras estar en una situación crítica no siguió empeorando por lo que tras varias caídas al suelo y levantarse, al final aguantó de pie quedando con suero y sedación por unas horas. Después pasaría lo que tuviese que pasar. Yo si creía a diferencia de los demás que seguro mejoraría. 
Esa tarde llamé a Suzanne para explicarle la situación y no tardó nada en ofrecerme una posible solución. Ella misma aceptó darle el toque zen a Trueno. Al día siguiente volví y la veterinaria no se lo podía creer 
¡Estaba perfecto! 
Nadie de allí creía que se iba a recuperar pero mucho menos tan bien y tan rápido. 
"¡Es un milagro!" me decían, doy gracias de corazón por este maravilloso milagro. 
Después fueron días de reflexión. Cuando compré a Trueno, en el primer día tuve la sensación de: Quiero libertad. Aquella sensación quedó aparcada porque desconocía qué significaba, en aquel momento lo importante era darle mucho mucho cariño. Aprender de él y con él. Ahora ya era el momento de la necesidad de un cambio de entorno para Trueno tras dos cólicos tan graves. Estar por el día en una pista suelto y por la noche encerrado en su “box” o cuadra era muy insuficiente. Estamos acostumbrados a verlos así pero es hora de tomar conciencia y pensar que es un espacio extremadamente insuficiente para ellos.
Así que tras días pensando qué hacer, de repente veo en el blog de Suzanne “Asociación Winston - de ayuda a caballos maltratados y/o abandonados” www.asociacionwinston.org Se me encendió la bombilla. Tras ver su página web fui un día a verles con Joanna y unos amigos. La visita a la asociación terminó con un abrazo emotivo tras sorprenderles con una donación para ayudarles con la labor tan maravillosa que hacen. Realmente es el entorno perfecto para Trueno. Por el momento estoy en contacto con ellos y cuando sea posible ¡¡Trueno será libre!! Libre y feliz, como cada día me he sentido yo de tenerle conmigo. Te quiero Trueno. Terminaré dando las gracias de corazón a mi hermana y al dueño del centro donde se encuentra actualmente Trueno por toda la ayuda que me han dado y estar tan pendientes de él. Gracias.