02 diciembre 2013

Un testimonio precioso: sin dolores, sin cojera, sin silla de ruedas

Hola Suzanne,

El finde pasado estuviste en la conferencia de Tarragona y me alegró mucho poder conocerte en persona y que me firmaras tu libro. Todavía no lo he terminado, estoy a puntito, aunque con ganas de que no se terminara nunca, cada cosa que leo me hace sentir profundamente conectada conmigo y agradecida por todas las cosas que me han llevado a encontrarme, a escucharme, y a conocer a personas como tú.

Tengo que agradecerte que gracias a que te atreviste a hablar abiertamente del zen, de todos los temas de los que hablas, haya podido conocer el zen y haber hecho los cursos. Mi vida ha cambiado completamente. Antes era una búsqueda en la que no llegaba nunca a encontrar lo que buscaba, ahora me siento en paz, como si por fin hubiera llegado a mi hogar.

Cuando me acerqué para que me firmaras el libro, estaba medio colapsada, porque me hubiera gustado contarte tantas cosas que no sabía qué iba a decirte, gracias a un angelito que había por ahí te comenté que me iban a operar de la cadera para ponerme una prótesis, pero que gracias al zen había vuelto a caminar sin problemas y que no me había operado, ya que la historia es algo más larga quería acabar de contártela. Porque luego me di cuenta, de que le puede servir a alguien más, y que si en algún momento has dudado de que puedas volver a caminar normalmente, pues que lo que te cuente te reafirme que si que puedes. (estoy segura que tu ya lo sabes).

Me diagnosticaron artritis reumatoide con 19 años, ahora tengo 31, cuando me lo dijeron me lo dejaron caer como un saco de piedras, diciéndome que ya no volvería a llevar una vida normal, que no se podía hacer nada con los dolores, que poco a poco me iria deformando, complicaciones y más complicaciones, que tendría menos esperanza de vida, medicamentos, tratamientos...
Bueno, todo eso hizo saltar algún interruptor interno que me hizo llevar una búsqueda intensa, de mi misma, de respuestas, de cambios, aunque como te decía siempre sentía que me faltaba algo, y que aunque conseguí quitarme muchos medicamentos, encontrarme mejor y llevar una vida bastante normal, siempre he sentido que podía estar mejor, que aún tenia que llegar algo. Ahora tengo clarísimo que ese algo era el zen, acompañado de ser madre que también me ha cambiado y ayudado mucho.

Hace unos 8 años tuve una caída que junto con los problemas de la artritis me dejó mal la cadera, sobre todo la derecha, estuve unos meses en silla de ruedas, después un par de años bien, pero los siguientes tenía dolores, molestias y falta de movilidad, que se iban acentuando con el tiempo. En 2012 después del nacimiento de mi hija, la cosa se complicó mucho y estuve un año en silla de ruedas.
En septiembre hice el curso de primer nivel zen, pero no fui capaz de llegar al segundo, en un mes, me di cuenta de que tenía que volver a repetirlo y continuar, que no quería volver a dejarlo ni perder la capacidad, algo me había cambiado, y me hacía sentir muy mal haber dejado las meditaciones.
Me iban a operar el día 2 de septiembre de este año, había dicho que si, rellenado formularios, y cuando fui a la primera visita con el anestesista, algo me decía, no lo hagas, no lo hagas, yo pensaba pero quiero poder caminar, jugar con mi hija, y me han dicho que por lo menos si me opero podré caminar! Y seguía sintiendo, no lo hagas. Así que ese día le dije que me lo tenía que pensar que quería volver a hablar con el médico que me iba a operar. Resulta que estaba de vacaciones y volvía justo el día que me operaban, así que decidí decirles que no me operaba, aún dudando, pero decidí dejar todo en manos del cielo, y que fuera lo que tuviera que ser.
Los días después de haber decidido no operarme fue cuando empecé a sentir que tenía menos dolores.
Soy algo cabezona y aún seguía con miedo a aceptar que podía estar mejor, así que me mandaron otra prueba para que acabara de ver que por fin tenía una herramienta que me podría ayudar en cualquier situación.

Ahora llevo un año con el zen, al principio me costaba hacerme los toques, pero después empecé a hacerme el toque de la larga vida, y poco a poco me he ido sintiendo bien, mejor, sin dolores, sin cojera, sin silla!
Todavía no he ido a hacerme análisis, ni a que me miren la cadera, pero me siento como si ya no estuviera enferma, sin rigidez, tengo más movilidad, no tengo dolores, cosa que para mí era algo impensable después de tantos años de lo mismo, aún tomo algo de cortisona y antiinflamatorios, pero siento que cuando llegue el momento quizá ya no los necesite. La silla me sirve para no cansarme cuando voy a hacer las compras, pero me siento bien pudiendo llegar a donde quiero andando.

Y bueno no sé, sentía que es mejor compartirlo que callarse, ya que a mí me han ayudado tanto las experiencias de otras personas! A veces, parece que estas historias son muy lejanas, porque no has conocido a nadie en persona que te diga yo me he curado de tal cosa, que todavía las vemos como algo imposible. Por eso me parece tan importante compartir mi historia, porque las de otras personas me han ayudado a creer.

Muchas gracias Suzanne por lo que haces.
Te mando un abrazo con mucho amor, y felicidades, tu libro es maravilloso!