20 julio 2013

Una gran experiencia de un "ex-incrédulo" alumno zen... lumbalgia por dos hernias discales

Junio 2013, desde un lugar maravilloso, tierra donde nací y centro peninsular de España donde un día un Rey llamado Alfonso X, apodado “El Sabio” quiso llamarla Ciudad Real.
Hola a todos, mi experiencia que quiero explicaros a continuación fue la siguiente: veréis tengo 35 años, soy varón, felizmente casado y padre de dos angelitos que desde hace poco más de 6 años guían esplendorosamente la vida de nuestra familia.
Trabajo en…. bueno digamos funcionario público de esos que hasta que no ven algo no lo creen, y aun viéndolo debe ir acompañado de un explicación lógica o racional, que demuestre que ha podido ocurrir fehacientemente, si amigos soy… qué más da lo que uno sea.
Vamos al grano, mi objetivo es dejar una pequeña aportación desde lo que a mí personalmente me ocurrió para abrir quizá una rendija a otras personas que pudieran encontrarse o sentirse como yo.
Os cuento, Suzanne Powell iba a realizar un Curso Zen de 1º y 2º nivel en mi localidad y a mi mujer que ya la había seguido vía Internet sus quehaceres y obras, decidió apuntarme a ese curso para tener reserva de plaza.
Yo la verdad, hubiera querido que fuese ella, pero insistió, debatió y casi “obligó” a que fuera y probase con el fin de entender su filosofía de vida, y poder llegar a estar equilibrado en el sentido de tener esa paz interior que muchos ansiamos tener, aunque realizásemos pocas acciones para ello ciertamente; imaginad a mí todo eso un empírico denotado de los que “de lo que veas la mitad creas”.
Se acercaba la fecha del curso, no sabía si mis labores como…. me iban a permitir estar esos dos fines de semana seguidos de viernes a domingo, pero bueno yo decía interiormente si voy vale y si no pues nada, sin problema.
Me ocurrió lo siguiente faltando pocos días para la llegada de Suzanne, me dio un fuerte ataque de lumbalgia trabajando, que me llevó al hospital para atenderme porque no podía tenerme en pie, por lo que me inyectaron calmantes, anti-inflamatorios, típicos para estos casos, recetándome el médico de Urgencias, pues eso entre relajantes musculares, antiinflamatorios, y calmantes, una ingesta de 11 pastillas diarias repartidas durante el día.
Pasaron los días, el Curso se acercaba y yo no mejoraba ni en dolor ni movilidad, por lo que fui al traumatólogo, quien tras ver que no evolucionaba prescribió una Resonancia Magnética, donde  aparecieron mis dos amiguitas las cuales podrían llevar tiempo conmigo y yo tan descortés tan siquiera las había conocido ni saludado, eran 2 hernias discales una pequeñita y otra de aspecto normal según el especialista.
Uff, para mi mala, malísima noticia, jarro de agua fría, miedo a no poder moverme, perder libertad de hacer cosas, etc, mi trabajo ¿qué va a pasar?…. Mi mente hacía sus cábalas.
A partir de este diagnóstico, se incrementó aún más la dosis del tratamiento, vaya y era jueves y mañana tarde venía Suzanne y yo me preguntaba y pensaba ¿podría al menos estar si no me puedo mover? ¿habrá sillas para sentarme?, ya os digo estaba sin poder trabajar, mal bastante mal.
Viernes mediodía ya, comí, reposé y mi mujer de nuevo me animó a ir a escucharla, me lo pedía y total era gratuito, y ¿qué podía perder?, no estaba trabajando tampoco, pues nada, llegó la hora del curso, las 20 horas de un Viernes de Junio 2013, y dos vecinos nuestros hombre y mujer, me llevaron y acompañaron (mi mujer les había reservado a ellos también ticket del Curso).
Yo iba que apenas podía andar, sí amigos iba limpiando el suelo con las suelas de las zapatillas, encorvado y con ganas de sentarme en una silla, con dolor exagerado, a pesar de haberme tomado las pastillas que correspondían, encima hacía calor y bueno entramos y a esperar qué pasaba y a ver si aguantaba allí.
Sobre las 20 horas apareció ella, una mujer de estatura media, rubia con pelo recogido, sonriendo a todo el mundo, dando muestras de sencillez en su vestimenta y al tiempo  misterio y que en sus primeras palabras emanaba tal compasión por el género humano que perdí el ritmo del dolor por unos instantes, muchos la conocéis, era Suzanne.
En esa primera tarde nos explicó varias cosas sobre la enseñanza Zen, pude aguantar moviéndome para acoplarme a esa silla  una y otra vez, y la verdad me convenció de al menos probar a hacer lo que nos transmitía con cada dádiva que hacía de su tesoro (tendréis que ir a sus Curso para saber a lo que me refiero).
Día siguiente, era sábado de mañana, y Suzanne decidió regalarnos gratuitamente como todo lo que hace, un Reset a la persona que quisiera voluntariamente, y lo haría tanto ella misma como su equipo, pues allí me metí, tras haberme tomado mi ración de analgésicos y demás, y cosa curiosa a mí me tocó un señor de mediana edad.  Al terminar conmigo sentí ganas de darle un abrazo. Me indicó que era Osteópata, qué casualidad, al tiempo que me dijo textualmente "Si tú quieres te pondrás bien, hazme caso”. Una vez terminado el Reset, son 5 minutos, a casa otra vez, que por la tarde teníamos el segundo día. Pero ya al mediodía de ese sábado, decidí por mi propia cuenta dejar de tomar pastillas y poner en práctica las respiraciones con conciencia y meditación.
Fuimos por la tarde sobre las 20 horas, empezaba la segunda clase, y duró sobre dos horas aproximadamente, aguanté bien y ese día decidí escribirle una carta a Suzanne explicándole lo que me pasaba, no sé porqué pero lo hice y no lo pensé, la escribí, y a la salida entre la gente se la di, y ella abrió su mano y la cogió. No tomé ninguna pastilla solo hice respiraciones Zen y meditación, en forma y manera como Suzanne enseña y curiosamente me sentía algo mejor, pero ya era bastante no meterle al cuerpo y mi hígado tanta farmacología.
El domingo, finalizábamos el primer nivel de Zen, era por la mañana, y debíamos todos tener los deberes hechos, que consistía en meditación principalmente, y apenas había comenzado la clase, preguntó sobre un muchacho que le dio una carta el día anterior, a lo que alcé la mano y me indicó que subiera con ella arriba al escenario, y lentamente llegué y subí junto a ella, para ser "usado como maniquí" y explicar al resto dónde se encontraba en concreto el Chakra 2, según la Enseñanza Zen, pues bien cuando terminó de explicarlo, me sujetó un momento y me tocó la zona que tenía inflamada muy rápidamente y ahí terminó el primer nivel, hasta la semana siguiente, ya teníamos herramientas para ir mejorando cada uno a su manera sus dolencias, etc.
Yo, personalmente aposté a todo al Zen y nada a las pastillas para el dolor, inflamación, etc., al día siguiente lunes desapareció de mi vista, y durante la semana hice todo lo que Suzanne nos había enseñado, y el dolor en su intensidad bajó bastante, y la movilidad había mejorado, ya no limpiaba las calles!!
Hasta que llegó el Viernes así me mantuve toda la semana, y ya por la tarde antes de entrar al segundo nivel, muchos compañeros, me preguntaban cómo iba, si había mejorado y más cuando había visto que incluso Suzanne me había tocado la espalda, a lo que les indicaba que no tomaba nada de pastillas y que había mejorado bastante, y lo pudieron ver porque vieron la semana anterior como había subido al escenario y me movía y como me encontraron una semana después y sin tomar nada, ya era mucho.
Durante los tres días de Viernes, Sábado y Domingo, de Segundo Nivel Zen, lo disfruté y aprendí muchísimo; claro que ya teníamos otra parte más del tesoro donado por Suzanne a la cual despedimos en una comida muy enriquecedora entre todos los  compañeros de curso que quisieron o pudieron asistir donde cada uno contaba abiertamente sus experiencias, intercambiando teléfonos, etc. creo que con el objeto de ayudarse unos  a otros.
Suzanne nunca perdía la sonrisa, era increíble, allí estuvo haciéndose fotos, firmando algunos libros y mandando una y otra vez su mensaje "Si yo puedo tú puedes, tú tienes esa capacidad”.
Ha pasado ya un mes del fin de curso, hoy es 18 de julio de 2013, tras un pequeño sustillo hospitalario de otra índole y a día de hoy puedo andar perfectamente y rápido, hago ejercicios en el agua, no tengo dolor, conduzco, y me permite hacer una vida normal, y eso sí sigo con mi meditación, mi toque Zen diario, algunos toques en la zona local y también de vez en cuando respirando con conciencia.
El médico traumatólogo estimó mi estado como excepcional, ya que me indicaba que según llegó a verme, la capacidad de movilidad mecánica era muy pobre, y que en unos 3-4 meses mejoraría, pero con mucha tranquilidad calma y fármacos, al tiempo de unas 20-30 sesiones de fisioterapia.
He ido al fisioterapeuta sólo unas 8 sesiones, y ya tengo movilidad casi del 100%, eso sí antes, durante y después de entrar al fisio hago mis deberes!!
Pues esto quería contaros amigos, un incrédulo como yo, aferrado a lo lógico, a lo fehaciente, hizo lo que Suzanne nos había enseñado y regalado y quería que lo supieseis que ayuda mucho, muchísimo, y mentalmente es espectacular porque evita mucho el desánimo cambiándolo por ganas de superación, que se consigue en parte ya aceptando lo que a uno le pasa como parte de su camino o programa en esta vida.

Te doy las gracias Suzanne a ti y a tu equipo, desde lo más sincero y profundo de mi corazón, por ayudarme a superar esto y espero aportaros al resto de personas algo de esperanza con lo que he contado porque he sido claro, sincero y no he pensado en nada, sólo lo que fluía de mi interior.
Gracias Suzanne por ayudarme a despertar y poder saborear en muchos momentos del día esa tranquilidad o paz interior, y haberme obsequiado con esa capacidad-tesoro que me ayuda a ver el lado bueno de todas las cosas.

Os animo a conocer lo del Zen, es una experiencia increíble que se vive día a día y que hace de cada momento algo especial, se vive mucho el presente y se tienen muchas ganas de echar una mano a cualquier persona.