09 julio 2012

Un Toque Zen Extremo en plena visita a los museos vaticanos

Hola querida Suzanne, como veo que la gente se anima y te va enviando sus experiencas Zen me atrevo a contarte la mía.

Hace una semana estuve de viaje de fin de curso con un grupo de alumos y alumnas de 4º de la ESO, todos unos soles super buenos, peeeero lo que llevan los 16 años es un tumulto de sensaciones y experienicias por vivir. Casi como comerse la vida de dos bocados. No soy profesor como se pueda deducir, soy padre de alumno y por la crisis y los recortes y las protestas y huelgas de los profesores, mi mujer y yo decidimos suplir a los profesores que iban a ir al viaje para que éste se realizase, y no nos arrepentimos, fue un viaje estupendo en todo y de paso nos bañamos en esa energía de los 16 que casi teníamos olvidada a nuestros 45.

El caso. Tuve la oportunidad de aplicar 2 emergencias durante el viaje, una durante una borrachera muy notoria, de esas que te deja en la cama sin sentido. Me avisaron a las 2 y pico de la mañana, acudí a la habitación y allí estuve un rato en modo "emergencia" respirando y asistiendo al pobre chaval, que era su primera super borrachera y estaba KO encima de la cama. Sus compañeros de habitación ya lo habían duchado, vestido y tapado, me miraban y no hacían más que disculparse y disculparse y yo, entre respiración y respiración intentaba explicarles lo malo malísimo que es el alcohol en grandes cantidades. Al día siguiente durante el desayuno el chaval estaba con un hambre impresionante, bien, sonreía y no recordaba nada.

Pero realmente el motivo de escribirte es la segunda emergencia, en plena visita a los Museos Vaticanos... no la olvidaré. Una niña, durante la larguísima visita con guía y auriculares se me acerca con los ojos llenos de lágrimas y algo pálida y me dice que se encuentra fatal, le duele la cabeza, está mareada y con ganas de vomitar, le toco la frente y está ardiendo. Minuto uno. Entre el fragor de la visita y mi atención al grupo decido rápidamente aplicarle el toque Zen de emergencia y le explico lo que le voy a hacer, me dice que de acuerdo y le digo que no se separe de mí hasta que acabe, seguimos andando. Con un ojo voy viendo al grupo para que no se retrase nadie, nos ponemos los últimos, el auricular en la oreja puesto escuchando lo que la guía dice, básicamente por seguir el ritmo y las paradas de agrupación, cambios de sala, etc. Empiezo con las tres respiraciones conscientes previas, la gente en grandísimo número empujando por todas las direcciones y la chica a mi lado. La coloco un poco por delante y le digo que vamos a comenzar. Le pongo la mano en la cabeza y empiezo a respirar, seguimos andando entre la multitud. Calor, muchísimo calor a la una del mediodiía y sudando. Pasamos por varias salas, los tapices, y no se qué más y la guía zumbándome en el oído, yo intentando no perder al grupo y manteniendo la respiración con la emergencia, la niña bastante afectada con la fiebre andando con dificultad. Pasamos otra sala y pienso que sólo deben quedar uno o dos minutos a lo sumo porque lo de ver la hora era imposible. Pienso en la situación y me veo desde arriba en plena batalla. Sonrío y decido vivir el momento plenamente, con toda mi energía y sentido del humor. Pasamos a otra sala con un poco más de espacio y veo una ventana abierta. Paramos 20 segundos y le quito la mano, le toco la frente, me mira con mejor cara y le pregunto cómo se encuentra. Me dice que igual. Le digo que no se preocupe que esto tarda unos minutos en hacer efecto pero que esté tranquila, que va a notar muy pronto la mejoría. Seguimos al grupo y ella se marcha con sus amigas que la esperan. En la próxima sala, ya muy cerca de la Capilla Sixtina la veo y está hablando más animada con sus amigas. Entramos en la Sixtina y el mogollón de gente se multiplica por 5. En una parada antes de salir nos reunimos todos y esperamos a que la guía acabe. Salimos ya al exterior y nos reunimos para descansar. Le pregunto. Me dice que está super bien, que ya no le duele la cabeza y se ha recuperado. Le toco la frente y la encuentro normal, como el resto, y entonces va y se enciende un cigarrillo, los adolescentes son así!!!. Signo inequívoco de que ya se había recuperado. Y para más alegría, ella, que no tenía ni idea de todo esto, lo vió completamente normal... "Me quitó el dolor de cabeza poniéndome la mano, es una pasada tía!!"
Es mi historia divertida de un toque Zen Extremo en plena visita a los museos vaticanos.

Te envío un fuerte abrazo y nunca acabaré de agradecerte lo que nos regalaste en Cheste ese fin de semana. Gracas Suzanne.
Un besazo. Nacho.